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Según dice una correspondencia de Lima fecha 12 de agosto ultimo que inserta LAS NOVEDADES, el jefe supremo del gobierno peruano no ha tenido á bien acceder á lo que nuestro consul (Quevedo) le pedia, y en la noche del 11 de dicho mes firmó la declaración de guerra al Ecuador.
Este suceso, añade el corresponsal de nuestro colega, ha causado gran disgusto en la colonia española de Lima, la cual desea, como todos los españoles residentes en aquellas costas del Pacífico, que cese cuanto antes un estado de cosas que ocasiona los mas graves perjuicios al comercio. Según el mismo corresponsal, pasan ya de 21 el número de buques detenidos allí por el bloqueo, algunos de ellos hace ya mas de un año, y la Isabel I ha hecho ella sola unos 30,000 duros de gastos inútiles por ese contratiempo.
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Ficha temática
- Referencia bibliográfica: La Época, 26 de septiembre 1859, p.3.
- Autor: La Época
- Año: 1859
- Lugar: Madrid
- Período: El movimiento de rearme naval, la Unión Liberal y la planificación de la escuadra (1858-1862)
- Tema: Emigrantes y comercio ; Imperialismo informal y diplomacia de las cañoneras
- Contexto: El año 1859 vio desarrollarse una guerra largamente anticipada entre Perú y Ecuador en 1859. Las veleidades estallaron debido al intento del gobierno ecuatoriano encabezado por Francisco Robles de entregar a sus acreedores británicos dos territorios –Quijos y Canelos– que de facto pertenecían a Perú. Este hecho provocó la declaración de guerra por parte de Ramón Castilla y el bloqueo de Guayaquil a cargo de la Armada peruana. Dicho estado de cosas provocó una notable irritación entre los comerciantes españoles, que vieron languidecer el provechoso tráfico cacaotero que les conducía a aquellas aguas. La guerra entre los dos Estados andinos atrajo inmediatamente la atención de la opinión pública española que, espoleada por los capitalistas de la Península, abogó por la intervención de la Monarquía española en calidad de intermediadora. El Ministerio de Estado y los representantes de España en la región no tardaron en responder a dichas demandas. El cónsul de España en Quito, Heriberto García Quevedo, acudió presto a Lima para postularse como árbitro entre ambos beligerantes. Como explica la breve nota de prensa aquí transcrita, su intento fue infructuoso. Con ello la esperanza de que España se consolidase como potencia normativa e intermediadora cedió su lugar a planteamientos militaristas, que vieron en el envío de una escuadra la única posibilidad para expandir la influencia de la Monarquía y de sus agentes económicos.
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