Texto
LA IBERIA
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«Quedando pocas horas de legislatura, y no estando además terminada la cuestión, es imposible presentar á las Cortes todos los desfachos sobre el Perú. El gobierno dirijirá en breve una nota circular á nuestros representantes en el estranjero, diciendo cuál es nuestra actitud, nuestra política, desinteresada y leal, en América, y acompañando á ella la relación que ya ha recibido del señor Salazar sobre los peligros que ha corrido su vida. El ministro de Estado ha dicho al Senado que tiene confianza en esta reseña, porque cree siempre en la palabra de todo diplomático español, y porque nuestro enviado está dispuesto á probar sus asertos.»
Este trozo de La Época, en sus dos primeras partes, es una especie da adición al discurso del ministro de Estado. Diplomá-tico por escelencia, el referido periódico
ha querido sin duda llenar ciertos vacios, dando las noticias que preceden.
En cuanto á la referencia con que La Época termina su suelto, parécenos opor-tuno trascribir á continuación lo que dice El Espíritu Público sobre un particular tan lleno de particularidades:«¿Cuáles serán esos peligros que corrió el señor Salazar? ¿Serán los de conato de envenenamiento que hace dias circularon? ¿Serán los de íntento de asesinato contra el comisa-rio español cerca del Gobierno del Perú, de que también nos habla la correspondencia publicada en el periódico estranjero á que hoy nos referimos? La opinión pública sensata sabe darle á tolo esto la importancia que real-mente tiene.
Esos peligros, pues, deben ser otros; esos peligros deben ser el miedo que el señor Salazar tuviera á marearse por efecto de las avenidas borrascosas que, cuando reina un temporal, son muy frecuentes en los altos mares, ó el temor que naturalmente tendría y tener debe á que el Gobierno de S. M. la Reina, á que el pueblo español entero, le arguyera con mucha razón, con justísimo motivo, por haber, á nuestro parecer, violentado los sucesos, ya que no haber dado lugar a ellos en compañía del almirante Pinzón, por haber sido causa de que se haya roto la paz entre España y las Repúblicas del Pacífico que, hoy más que nunca, nos mirarán con prevención, porque creerán emprendemos una nueva cruzada de conquista, porque dudarán de si somos ó nó sus padres, sus hermanos, y porque de hoy para siempre tendrán contra nosotros una desconfianza que jamás podrá borrarse, y que rayará acaso, si el término de la cuestión no es conciliatorio, no es prudente, no es como debe ser, en rencor, en odio, que ni aun al pueblo mas fuerte, al más poderoso del universo le pueda acarrear venta-jas, antes bien disgustos y sinsabores para en lo de adelante.
Y ¿quién tiene la culpa de todo esto? Y ¿quién ha dado lugar á que tal cosa pueda suceder? Y ¿quién ha sido la causa de que nuestras relaciones estén rotas con el Perú, y como consecuencia de estos hechos, de que se rompan también con Chile y otras naciones americanas? Un diplomático ines-perto y un marino de violento carácter.»
Esperamos que llegará un dia en que esta cuestión, con todos sus incidentes estraños, quede esclarecida. Entretanto, y para lograr este día, nosotros seguiremos dando una idea de las más encontradas
apreciaciones. ¡Vaya juzgado la nación, y no haga caso de ciertas palabras que suenan muy bien a los oidos españoles, y que emplean tan á menudo los que tienen interés en crear atmósfera, ya en favor
del Gobierno, ya en el de sus representantes. para cubrir con el manto de la patria las faltas y los errores de todos! Esto ha pasado muchas veces.
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Ficha temática
- Referencia bibliográfica: [La Iberia, 22 de junio 1864, p.3.] (https://www.bne.es/es/catalogos/hemeroteca-digital)
- Autor: La Iberia
- Año: 1864
- Lugar: Madrid
- Período: La ocupación de las Chinchas y la guerra hispano-sudamericana (1864-1866)
- Tema: Culturas políticas y visiones de lo global
- Contexto: Se ofrece aquí la transcripción de un llamativo artículo de La Iberia, diario liberal progresista fundado en 1854 por Pedro Calvo Asensio. Sus redactores comentan la ocupación de las islas Chinchas y las tensiones devenidas tras los supuestos intentos de asesinato del enviado diplomático de España en Perú, Eusebio Salazar y Mazarredo. Este decidido impulsor de la diplomacia de las cañoneras había contribuido a desatar el conflicto entre ambos países, convenciendo al Comandante de la Escuadra del Pacífico de que la toma de los islotes de guano era la única solución viable para que España viese colmados sus objetivos diplomáticos en la república andina. Más adelante, a su vuelta, había caldeado aún más el ambiente, acusando a los peruanos de tratar de quitarle la vida en varias ocasiones por medio de envenamientos y conspiraciones. El periódico progresista, sin embargo, se muestra escéptico con los testimonios del diplomático español, a la par que critica la política exterior agresiva de los gabinetes moderados y unionistas. Ello prueba que los hechos detonados por la Escuadra del Pacífico fueron objeto de diversas lecturas ideológicas, que dependieron de las visiones de la arena internacional y de Hispanoamérica de cada cultura política. En este caso apreciamos que un sector del progresismo fue refractario a apoyar el intervencionismo beligerante predicado por Salazar y el unionismo, apostando por estrategias más blandas de influencia panhispánica.
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